Vamos a hablar de cuándo éramos niños.
Era un día cualquiera de colegio, pero no uno más del montón.
Ese día, el patio se convirtió en un verdadero mercado de fichajes.
Todos con nuestros álbumes bajo el brazo, buscando esa pieza que nos faltaba para completar la colección.
¿Recuerdas esos días?
Llevábamos nuestros tacos de cromos al cole y los cambiábamos y ofrecíamos como locos, a voces y hasta pegándonos por hacer esos cambios.
Animalitos…
Yo quería un cromo especial. El de Alfonso Pérez.
Alfonso no era cualquier jugador, era EL jugador, pero que se resistía a salir más que un chicle pegado en la suela.
Ese año lo pusieron muy, muy difícil de conseguir.
Nadie lo tenía.
Entonces, hice un trato secreto con cada uno de mis amigos.
Era secreto, porque a cada uno que se lo decía, se lo decía en privado. Con ese aire de solemnidad que da «contar algo en secreto y que quede entre nosotros».
Y el pacto secreto al que llegué con todos es que si alguno encontraba el cromo de Alfonso Pérez, me lo ofrecería a mi el primero.
Y yo a cambio me comprometía a darle más que ningún otro.
Los días pasaban y nada, el cromo de Alfonso brillaba por su ausencia.
Hasta que un día, mi amigo Juan soltó la bomba en medio de clase y a voces.
«Eduuuuu, lo tengoooooo».
Ahí, discretamente. Haciendo honor a nuestro pacto secreto, como para que nadie se enterara.
La cosa es que otro amigo, el típico listillo, intentó aprovechar y trató de cambiárselo a Juan para revendérmelo (también había hecho un pacto secreto conmigo).
Pero Juan hizo honor a su palabra y me lo guardó hasta el recreo.
Y como dice Sabina, «Yo que siempre cumplo un pacto Cuando es entre caballeros tuve que escribir esta canción.»
Total, que nos plantamos en el recreo, con medio patio pendiente de nuestro intercambio.
Yo le di un montón de cromos repetidos, algunos muy valiosos también, y él me entregó a Alfonso.
Fue un momento épico, de esos que se quedan grabados a fuego.
Juan se fue tan contento ese día a casa y yo también.
Y mira tú por dónde, esta historia me recuerda un montón al derecho de tanteo y retracto de los inquilinos.
Ese que te da prioridad para comprar la casa que alquilas si el propietario decide venderla.
Es como si el cromo de Alfonso fuera la casa, y Juan, el propietario, me hubiera dado la opción de comprarlo antes que nadie, pagando la misma cantidad que ofrece el tercero.
Tú cómo propietario, tienes que informar antes al inquilino de tu intención de vender la casa.
Y él tiene la prioridad para comprarla en condiciones y precio iguales que el otro comprador.
Además tiene un plazo de 30 días naturales para tomar la decisión y ejercer o no, su derecho de compra.
Los inquilinos tienen más plazo que el que me dio Juan a mí.
Solo me dio hasta el recreo para pensarlo.
Por otro lado, si Juan hubiera cambiado el cromo de Alfonso a mi otro amigo, Juan debería deshacer el cambio y cambiármelo a mí, por exactamente lo mismo que había aceptado del otro.
Ese es el el derecho de retracto.
Y en el sector inmobiliario éste derecho se ejerce después de vender el inmueble .
Si el propietario vende a otro por menos dinero del que te dijo a ti, puedes comprar la casa en las mismas condiciones que el tercero.
Pero para que el inquilino pueda ejercer el derecho de retracto deben darse unas condiciones :
El derecho de retracto también caduca a los 30 días.
Por otro lado, si no te interesa, siempre puedes renunciar a ese derecho. Eso sí, tiene que quedar claro en el contrato de alquiler, para que luego no haya líos.
Así el propietario puede vender la vivienda a otro y el inquilino puede quedarse en la casa hasta que finalice su contrato de alquiler.
En fin, que la vida da muchas vueltas y nunca sabes cuándo te va a tocar el Juan de turno.
Recuerda que lo importante es ser claro, jugar limpio y cumplir tus tratos.
Un slaudo,
Edu.
Pd. Este método funciona y por eso lo sigo haciendo. Una buena forma de que se acuerden de ti, es dar más que los demás.
Eso hago con mis colaboradores. Doy más que ningún otro.
¿Recuerdas lo que dice Sabina?
«Yo que siempre cumplo un pacto, cuando es entre caballeros.» Pues recuerda que si colaboras conmigo, ganarás dinero.
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