Una lavadora vieja casi tumba esta operación

Hace un tiempo, estuve trabajando en la venta de una casa en Aravaca.

Un adosado muy mono en una urbanización cerrada.

La propiedad llevaba en el mercado algunos meses, y aunque tenía atractivo y visitas, no habíamos recibido ofertas.

Entonces, tomamos la decisión de ajustar su precio un poco más, dejando su precio de venta en 860.000€.

Y, casualmente, esta cifra era justo lo que unos clientes míos, la familia García, tenían de presupuesto.

Así que, les presenté la propiedad y les gustó.

Después de visitarla, evaluarla y discutirlo en familia, decidieron presentar una oferta de 825.000€.

Ahí comenzó la historia de la negociación.

Hablé con ellos que estaba complicada la cosa, que había tenido una bajada de precio muy reciente, pero que a ver que pasaba.

Y hablé con los propietarios, que, lógicamente, rechazaron la oferta.

Estaban dispuestos a hacer una «gracia», una rebaja simbólica, pero no a menos.

Vamos, algo que endulzara la negociación sin rebajar sus expectativas.

Entonces, los García decidieron ofrecer 850.000€.

¿Qué crees que dijeron los propietarios?

Dijeron que no.

Los propietarios no querían aceptar, pero entre dientes, reconocieron que era una buena oferta.

Entonces, me tocó reunirme con las dos partes y sopesar los pros y los contras de todo.

En esta etapa, se habló sobre el tiempo que habíamos invertido en la venta, la calidad de esta oferta y la incertidumbre sobre futuras ofertas, entre otras cosas.

Al final, todas las partes llegaron a un acuerdo con el precio de venta de la casa.

Quedamos para firmar las arras la semana siguiente en la misma propiedad.

La firma fue una experiencia feliz por parte de todos.

Todos se mostraban felices, y tanto compradores como vendedores estaban satisfechos.

Sin embargo, dos días después, cuando nos reunimos con un reformista para presupuestar algunos cambios que querían hacer en el sótano, surgió un inesperado conflicto.

Hablando con el propietario, mencionó que se llevaría la lavadora, una máquina antigua que estaba en el sótano.

Imagina una lavadora vieja, de las de mas de diez años, que sí que funcionaba, pero de las viejas y destartaladas.

Le digo que ok, que no debería haber ningún problema. Que después lo hablo con Martín (el comprador).

Cuando nos fuimos, lo hable con Martín.

Y la respuesta de Martín me sorprendió.

Pasó lo que no pensé que fuera a pasar.

«Ni de coña. La lavadora está incluida en lo que se queda en la casa».

Y la historia empezó a enquistarse.

La situación se tornó tensa, y los dos se mantuvieron inflexibles.

Hasta el punto que tres días después, cada uno por su lado, uno me dijo: «le devuelvo el dinero y seguimos vendiendo la casa». 

Y el otro: «que me devuelva el dinero, y seguimos buscando casa».

Sarcásticamente yo pensé: «Joder, que bien, es en lo primero que se ponen de acuerdo en varios días».

Ahí me di cuenta de que la situación se estaba volviendo insostenible por la falta de comunicación directa.

Decidí organizar una reunión en mi oficina, un terreno neutral (bueno, en realidad, mi terreno).

La reunión comenzó con un saludo frío, y empezaron a hablar.

Que si no es lo acordado, que si sí que lo es.

Que si no pone nada, que si sí, que está reflejado aquí.

El ambiente se iba calentando entre ellos.

En cualquier momento uno se iba a levantar y adiós a todo.

Y me tocó intervenir.

Les recordé a Rodrigo y Martín que los dos tenían sus objetivos claros.

Rodrigo quería vender la casa, y Martín había hecho una oferta muy buena.

Y yo, me niego a creer que el gran problema sea una lavadora.

Me tocó preguntarles: «¿Qué problema tenéis realmente?

¿Una lavadora? Si ese es el único problema, ¿de verdad creéis que es un motivo para no cerrar el trato?

Si ese es el único obstáculo, yo compraré la lavadora nueva. Os la regalo».

Fue entonces cuando ambos saltaron diciendo «¡No, Eduardo, no es eso!».

¡Vaya!

Al parecer, el problema no era la lavadora.

Que sorpresa.

Después de esa conversación, la tensión se suavizó, y llegamos de nuevo a un acuerdo.

Los juegos de ego generan desacuerdos que pueden parecer obstáculos insalvables en una negociación.

Sin embargo, una comunicación clara y directa es la clave para resolver estos conflictos y llegar a un buen acuerdo para todas las partes .

Escucha, muchas veces contar con la experiencia de un profesional te puede evitar disgustos.

Un agente inmobiliario con experiencia no solo conoce el mercado, sino que también puede desempeñar un papel importante en la resolución de conflictos y en el cierre.

Así que, si estás pensando en comprar o vender tu casa y estás pensando en contar con la ayuda de un profesional que te quite de líos y problemas y te haga todo más sencillo, solo haz clic aquí.

Un slaudo,

Edu.

P.D. La lavadora sigue funcionando a día de hoy en la casa (o no, que ya hace unos años de esto).

P.D.2 Acuérdate que si colaboras conmigo, podrás pagar muchas lavadoras a quien tu quieras…

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