Desmontando mitos inmobiliarios. ¡Tenemos una gran base de datos!

La semana pasada tomé un café con un colaborador, y estuvimos charlando de casas, clientes y trabajo en general.

Y de esa charla surgió una historia que te hará abrir los ojos con un mito.

Un mito muy común en el mundo inmobiliario.

Las omnipresentes «grandes bases de datos».

Mi colega me ofreció una preciosa casa en una urbanización de Somosaguas,

Para moverla entre mis clientes en modo «off-market».

Eso suele gustar a los clientes, que te ofrezcan propiedades fuera de mercado.

En ese momento, un nombre cruzó mi mente: Carlos.

Carlos es un tipo genial, alto, con una voz profunda y una simpatía innata.

Nos conocemos desde hace un par de años, que se interesó por una propiedad para invertir.

Y desde entonces hemos charlado mucho de trabajo, de niños, de la vida en general.

Carlos es «cliente», porque de vez en cuando le ofrezco algo interesante.

Aunque en realidad no creo que me compre nunca.

Quiere algo muy concreto y no sé si podré conseguírselo.

Y él ya lo sabe.

Pero me llevo muy bien con él y tenemos conversaciones interesantes.

Y, aunque no haya realizado una compra conmigo, mantenemos una buena relación.

Resulta que Carlos está buscando una nueva vivienda en esa misma área.

Él es un ingeniero que está en medio de un proceso de divorcio.

Actualmente viviendo de alquiler cerca del colegio de sus tres hijos.

Al compartir estos detalles con mi colaborador, su respuesta me sorprendió.

Él inmediatamente dijo: «¿Se llama Carlos? Es alto, voz grave…»

Mi respuesta, por supuesto, fue afirmativa.

Resulta que Carlos y mi colega se conocen desde hace un par de meses porque visitaron una casa cercana juntos.

Y tras una rato riéndonos por lo pequeño que es el mundo, concluí con un:

«Pues acuérdate de ofrecerle esta casa que me has dicho, al menos que uno de los dos saque algo productivo».

Supongo que lo habrá hecho.

Ya lo hablaré con Carlos y que me cuente.

Esta anécdota me hizo pensar en los mitos comunes que rodean las inmobiliarias.

Muchas veces escuchamos hablar sobre bases de datos gigantescas que contienen decenas de miles de clientes.

Y a menudo, estas bases de datos se utilizan como un argumento de venta.

Un símbolo de la influencia y el poderío de una agencia.

Pero déjame desmontar este mito.

Pero es esencial preguntarse: ¿quiénes son realmente esos «clientes»?

La verdad, es que muchas veces se considera «cliente» a cualquiera.

Cualquiera que alguna vez haya llamado o escrito, preguntando sobre una casa.

Incluso si ni siquiera estaba cerca de comprar, incluso es «cliente» el que ha dado al botón de información por error.

Cualquiera que se haya acercado por la calle a preguntar la hora, si se descuida, entra en la famosa base de datos.

Escucha, mi base de datos es más selecta, no la más grande.

Pero cada persona allí es oro puro.

Son personas reales con historias y necesidades únicas, y eso marca la diferencia.

Personas que valen la pena, como Carlos.

Y si nos detenemos un momento a reflexionar, es impresionante.

Mi colega y yo, que no tenemos bases con miles y miles de clientes.

Coincidimos en uno que ambos conocemos al dedillo.

Ahora, imagina las posibilidades de que pase lo mismo en esas bases de datos gigantes.

Esas posibilidades de encontrar un cliente que realmente «cuadre» con lo que buscas son como buscar una aguja en un pajar.

O aunque cuadres con una de sus casas, de que se acuerden de ti.

Así que la próxima vez que escuches hablar de una gran base de datos con miles de clientes, acuérdate de la historia de Carlos.

Por eso yo filtro las visitas desde el primer momento.

No estoy interesado en mostrarte propiedades que no se ajusten a tus deseos o necesidades.

Valoro la calidad sobre la cantidad.

No presumo de 10,000 clientes.

Prefiero conectar las personas adecuadas con las propiedades adecuadas.

Una relación de verdad y un enfoque específico suelen superar al volumen.

Tratamos con personas reales y únicas, cada una con su propia historia y sueños.

Y si tú también quieres un trato cómo el que recibe Carlos, sólo tienes que hacer clic aquí.

 

Un slaudo,

Edu.

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